sábado, 25 de mayo de 2013

Buga



En la noche, saliendo desde Medellín para el valle del cauca, se percibe un viaje tranquilo, sin contratiempos y contemplando el paisaje nocturno a través de la carretera, a medida que fui avanzando, en las paradas ya se notaba la cercanía a mi destino, Buga, Valle. Al llegar sentía que estaba muy lejos de mi ciudad, se nota en sus calles planas, en su clima cálido, pero más que su clima, en la atención de cómo te reciben en el hotel y como las personas  te hacen sentir bienvenido en su tierra.

Es todo un privilegio apreciar y experimentar la sensación que es estar en una tierra de peregrinación, donde hay cientos de personas, donde el principal atractivo es la catedral del señor de los milagros, y a parte de su significado es la arquitectura que demarca su gran imponencia en el paisaje. 


Imagen tomada de 


Además de la iglesia, resalta la gastronomía, el comer alimentos cocinados a fogón de leña y el jugo de caña característico de la región, las decenas de negocios en donde venden recordatorios para traer de vuelta y obsequiarlos a nuestros seres queridos y los manjares y postres que es inevitable no comprarlos.

Cuando llegué, lo primero que hice fue recorrer las calles cercanas a la iglesia, llenas de restaurantes y hoteles, después de encontrar un lugar de hospedaje, fui a la iglesia, donde aparte de presenciar la eucaristía el motivo más importante era admirar el monumento del señor milagroso de Buga. 

Imagen tomada de 

En su base, se encuentran miles de cartas de las personas que se acercan allí para pedir un milagro, es una manera de devoción y de depositar la fe, tan concurrido, tan milagroso, un espacio muy venerado.
La estancia fue muy corta, estuve desde las 7 de la mañana, hasta las 5 de la tarde, fui con mis padres a cumplir una promesa de un milagro, en fin es un asunto de fe. Me traje una pintura, varias manillas y oraciones escritas en tablillas de madera, y dos cadenas de plata, claro, no podía regresar a Medellín sin traerme los recordatorios. 

Es un lugar tranquilo, lleno de paz, lleno de gente amable y dispuesta a orar, a peregrinar su fe y a disfrutar de todo lo que el ambiente ofrece, agregándole la comida, el trato de la gente y el amplio espacio para disfrutar de una agradable estancia y pensar en volver, quedarse más tiempo y admirar esta tierra santa.

Santiago Casas Pereañez ( Amigo que quería compartir su experiencia con nosotros )  

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